Esta es la historia de un niño primerizo que no nació y que por ello se enfadó. Sobre todo porque nadie le había explicado el por qué, o mejor dicho, el para qué. O, si se lo habían explicado, lo había también olvidado.
Vio nacer a su hermana y aunque lograba contener su rabia, los celos eran fuertes. Con el tiempo vio que su hermana era su mejor aliada y, sin ella saberlo, se unió a ella.
Pasaron sus muchos días con sus muchas noches. La energía femenina corría fuerte por él, pero notaba que le faltaba algo, algo incluso que le quitaba a veces el sueño. “¿Qué es lo que me falta para estar bien?”, se preguntaba
Un buen día vio a una nonata que le sorprendió, parecía muy contenta y que nada la quitaba el sueño. Como que tenía eso que a él le faltaba.
En seguida se sintió atraída por ella. Sin embargo, ella no le mostraba mucha atención. Cortejo a la nonata como buenamente pudo y consiguió, durante una buena temporada, su atención y compañía.
Ella se enamoró de él y, por amor, trato de ayudarle para que consiguiera dormir bien. Pensó que con el amor que ella le daba quizás sería suficiente, pero no fue asi. Las esperanzas del nonato de curar su herida junto a su nonata invisible se apagaron, como una vela que se queda sin cera.
Aprendieron mucho juntos, pero no lo que ella consideraba más importante, poder dormir siendo como era él, faltándole lo que a él también le faltaba para ser un ser completo; ese cuerpo que se le había negado al nacer.
El nonato, al no encontrar en su nonata el aprendizaje que le faltaba se separó de ella, dejándola un dolor que hacía mucho no experimentaba. No era algo malo, pero si profundo y difícil de procesar.
El dolor era como ella, de ese mundo invisible, y dándose cuenta de ello pensó, que siendo del mismo mundo quizás hablaran el mismo idioma.
Al principio no se entendieron muy bien, pero poco a poco, como Tarzán y Jane, fueron ligando “palabras”, logrando cierta comunicación.
Un día, por increíble que parezca, escucho al dolor decir lo siguiente: “Eres hija y naciste, porque tu madre es el cuerpo en el que habitas y tu Padre es Dios. Tu hermano por parte de Padre, del que te enamoraste, no sabe que en realidad puede nacer en cuanto su madre, la que el considera su hermana, le para, al igual que a ti te ha parido tu madre (el cuerpo en el que ahora estas). Todos los que nacéis y venís de esta forma al mundo compartís muchas características con vuestro Padre, entre ellas, la invisibilidad. Así como otros “dones”. Pero también compartís características con vuestra madre (el cuerpo que os albergó antes de nacer). Tú sabes que naciste porque tu madre, te pario, y te puso hasta un nombre; Benigna ,y sobre todo, porque tu madre, y esto es lo más importante para que nazca un ser como tú, amó y ama mucho a tu Padre. Ese es lo que realmente la hizo “nacer” y por lo que eres capaz de dormir bien por las noches”.
No sé si lo entendí muy bién pero, a partir de ahí el dolor
se calló y no volvió a hablar más. Y aunque no se ha ido del todo, ya no me
habla. Lo veo callado como si, debido a lo que me ha dicho, no pudiera abrir
más la boca.
Fdo: Benigna
