La dinámica de formas sostiene que lo fundamental no es el espacio-tiempo en sí, sino las relaciones espaciales entre los cuerpos. De este planteamiento se deduce que el tiempo no es una entidad básica, sino algo que emerge de esas relaciones.
Para entenderlo pensemos en un baile: en la relatividad general, lo importante es la pista de baile completa -su forma y cómo se deforma-, y los bailarines se mueven siguiendo esa geometría; en la dinámica de formas, en cambio, la pista no es lo esencial sino cómo los bailarines se colocan y se mueven con respecto a otros. De este modo el "paso del tiempo" es, simplemente, el cambio continuo en las posiciones relativas de los bailarines.
Barbour encontró que si se toma un conjunto aleatorio de partículas y se permite que interactúen gravitatoriamente entre sí, surge de manera natural una flecha del tiempo.
¿Y si el paso del tiempo no fuera más que un baile y su "música" la de las esferas?
"La armonía sólo nace de la conciliación de contrarios , pues la armonía es unificación de muchos términos, que se hallan en confusión, y acuerdo entre elementos discordantes" Filolao, filósofo pitagórico
Pitágoras propone que el Sol, la Luna y los planetas emiten un único zumbido[6] basado en su revolución orbital,[7] y que la cualidad de la vida en la Tierra refleja el tenor de los sonidos celestiales que son imperceptibles para el oído humano.
Michael Maier, médico y alquimista, en 1622 expone que hay "un tercio" de la Tierra a la Luna, "una quinta" de la Luna al Sol, y "una octava" del Sol hasta el cielo (Cantilenae intellectuales de phoenice redivivo, Canciones intelectuales sobre la resurrección del fénix).


